09/05/2017

Superalimentos

La alimentación y su importancia están en boca de todos y siguen ganando terreno en nuestra sociedad. Una afirmación aparentemente positiva puede no serlo tanto cuando la enmarcamos en un contexto socioeconómico dónde la industria alimentaria se ha convertido en el nuevo profesional de la salud.

El interés creciente por este mundo no es algo nuevo. La sobreinformación y la publicidad constante sobre alimentación por parte de empresas alimentarias, medios de comunicación  y algunos profesionales de salud han creado necesidades dónde no las había.

La historia mitológica en el mundo alimentario ha dejado suficientes ejemplos de alimentos o dietas  de “moda” que han ido desapareciendo por su propio peso. La alimentación “saludable” ya no se concibe igual y normalmente la acompañan valores como “bienestar”, “éxito”, etc. Vivimos en la sociedad del culto “a lo saludable” donde se ha generalizado atribuir propiedades curativas a algunos alimentos o dietas, ¿pero existe fundamento científico en esto?

Hablamos de alimentos venerados erróneamente llamados superalimentos, como las semillas de chia, la quinoa, el té matcha, las leches vegetales o el cacao, entre otros.  Por ejemplo, las semillas de chia efectivamente son más ricas en Omega 3 comparativamente con el pescado azul pero quién consumiría 100g de chia si comiendo dos raciones de pescado azul a la semana se consigue la cantidad recomendada de omega-3. 

Al mismo tiempo hay mensajes de rechazo extremos  a alimentos o nutrientes percibidos como tóxicos como el azúcar, la carne roja, la lactosa y el gluten. El gluten y la lactosa no está demostrada que puedan provocar enfermedades y solo los deben excluir de su alimentación aquellas personas que tras pruebas médicas se confirmen que son intolerantes.

Cada etiqueta que colgamos a un alimento no solo promociona cualidades sin base científica sino que distrae y confunde a la población, generando una sensación de falsa seguridad en la que pueden llegar a pensar que por tomar “un batido detox”, otras conductas de riesgo como fumar o el sedentarismo ya no perjudican tanto.  Si añadimos a esta falsa sensación estudios que correlacionan dichas prácticas alimentarias con complicaciones físicas (cetosis, desmineralización, pérdida masa muscular,…) no solo puede ser placebo o inocuo sino que en algunos casos puede ser peor el “remedio” que la enfermedad.

Las cifras de sobrepeso y obesidad reflejan que siguen existiendo vacíos en el manejo nutricional que pueden explicar  la escasez de resultados a corto y largo plazo. ¿es posible que le estemos dando más importancia a la dieta y a la exclusión de ciertos alimentos que a la relación que establecemos con ellos? ¿Pero qué resultados estamos obteniendo?

Está demostrado que la relación con la comida puede conllevar alteraciones en la esfera emocional que pueden desencadenar alteraciones de la conducta  alimentaria en forma de atracones con o sin compensación empeorando la situación de obesidad. También existe el riesgo, en pacientes vulnerables, de desarrollar trastornos de la conducta alimentaria.

La salud se consigue a través de una alimentación variada y moderada siguiendo los principios de la pirámide alimentaria. Hoy en día hay consenso en que la dieta mediterránea gracias a su riqueza en fruta, verdura, aceite de oliva extravirgen y frutos secos, permite alcanzar una buena salud física y mental, previniendo enfermedades degenerativas, cardiovasculares y metabólicas como la obesidad y la diabetes.

Esto no quiere decir que estos superalimentos no tengan propiedades nutritivas interesantes y de las que nos podemos beneficiar. Es por esto que los podemos incluir en nuestra alimentación pero como parte de una dieta equilibrada. Del mismo modo los alimentos “prohibidos” se pueden introducir en su justa medida dentro de un plan dietético correcto.

Dra. Agnès Peris Baldrich

DN Ferran Vila Perez

Departamento de Medicina y Nutrición de ITA

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